Enfermedades y meditación


 

Las enfermedades le ocurren al hombre, pero el hombre es, en sí mismo, también una enfermedad. Ese es su problema y, también, lo que le hace un ser único. Esa es su buena fortuna y también su infortunio. Ningún otro animal de la Tierra es tan problemático, está tan ansioso, tan tenso, tan enfermo como el hombre. Y esta ha sido la condición que le ha impulsado a su desarrollo, a su evolución; porque «enfermedad» significa que no podemos ser felices con lo que somos, que uno no puede aceptar lo que es. Es la propia enfermedad la que ha provocado el dinamismo del hombre, su inquietud, pero al mismo tiempo su desdicha; porque el hombre está inquieto, es infeliz, sufre.
Ningún otro animal excepto el hombre tiene la capacidad de enloquecer. A menos que el hombre trastorne a un animal, el animal no se vuelve loco por sí mismo; no se vuelve neurótico. En la selva los animales no se vuelven locos; se trastornan en un circo.
Dos métodos han sido utilizados para entender y sanar la enfermedad llamada hombre: una es la medicina, la otra es la meditación. Ambos son tratamientos para la misma enfermedad. Es conveniente comprender que la medicina analiza cada enfermedad del hombre por separado; es un enfoque que analiza las partes. La meditación considera que el propio hombre es la enfermedad; la meditación considera que la personalidad del hombre es la enfermedad. La medicina cree que las enfermedades le sobrevienen al hombre y se van, que son algo ajeno al hombre. Pero poco a poco esta diferencia ha disminuido y la ciencia médica también ha empezado a señalar: «No trates la enfermedad, trata al paciente».
Esta es una declaración de suma importancia, porque ello significa que la enfermedad no es otra cosa que una forma de vida que vive el paciente. Cada hombre enferma de una forma diferente. Las enfermedades también tienen su propia individualidad, su personalidad. El hecho de que yo sufra de tuberculosis y tú también sufras de tuberculosis no evidencia que los dos seamos el mismo tipo de paciente. Hasta nuestras tuberculosis nos afectarán de forma diferente, porque somos dos individuos diferentes. Y puede suceder que el tratamiento que cure mi tuberculosis no alivie en nada tu enfermedad. Así que, en el fondo, la raíz está en el paciente, no en la enfermedad.
La medicina trata las enfermedades del hombre muy superficialmente. La meditación aborda al hombre desde adentro. En otras palabras, se puede decir que la medicina trata de sanar al individuo desde afuera y la meditación trata de mantener sano el ser interno de la persona. Ni la ciencia de la meditación puede estar completa sin la medicina, ni la ciencia de la medicina está completa sin meditación, puesto que el hombre es cuerpo y espíritu.
OSHO

No ignores la tristeza

Ábrele espacio para que respire.
La tristeza es un hueco en el amor.
Una fuga transitoria de energía.
Un camino hacia uno mismo.
La revisión profunda de algún espacio roto.

No ignores la tristeza.

Pues toda emoción es necesaria y conveniente.
La tristeza te ayuda a detenerte temporalmente,
a alejarte de todo lo mundano.
Te deja en la puerta de un nuevo comienzo.
Reconócela.
No la confines a un espacio muerto.
No la encierres bajo llave.
No permitas que se entierre.
No la disfraces con mentiras lindas.

No ignores la tristeza.

Escucha su mudez, siente su calma.
Ella no pretende avergonzarte.
No todos los días son soleados.
Todo tiene un lado débil.

No ignores la tristeza.

Permítele que hable en su dialecto.
Que te conduzca hasta el final de la bajada.
Y cuándo vuelva la otra fase de la Luna,
El rayo de luz traspasará el prisma
y volverá a encenderse de colores tu alegría.

No ignores la tristeza.

Todas tus emociones son importantes y necesarias.
Expresa lo que sientes.
Pronto volverás a estar alegre.



Autor: Renny Yagosesky - El mensaje de los sabios

Platón y la búsqueda de la verdad

No renunciamos a la persecución de la verdad; todas nuestras discusiones no tienen otro fin, al enfrentar opiniones contrarias, que hacer surgir una chispa de verdad.

La figura de Platón nos hace remontar la Historia más de dos milenios hacia atrás, y ni siquiera tenemos la seguridad de los hechos tal cual sucedieron, máxime cuando tratamos de un autor que aporta elementos a veces tan controvertidos como la existencia de un continente sumergido en el Océano Atlántico.

Platón es el más clásico de nuestros filósofos, y después de 2.400 años, todavía sus ideas siguen vigentes. De ningún otro filósofo de la Antigüedad se conoce tanta obra escrita y que abarque además casi todos los temas: sobre la naturaleza del hombre, sobre el alma, sobre la ciencia, sobre la Atlántida, sobre la justicia, sobre la verdad; y cuyas obras han sido traducidas a todos los idiomas.

No se sabe muy bien el año en que nació, alrededor de 428-7 a.C., el día 7 del mes de thargelión, durante la olimpiada 88. Unos dicen que nació en Coluto, aunque la mayoría de los investigadores hablan de Egina. Según afirma la tradición, es descendiente de Poseidón y de familia noble, pues su padre descendía de una familia real y su madre estaba emparentada con Solón, y era hermana de Cármides y prima de Critias. Tuvo tres hermanos: Adimanto, Glauco y Potoné, que fue madre de Espeusipo; y un hermanastro, Antifón, el cual le sucederá.

Según Diógenes, desde muy joven gustaba de la poesía y leía a Homero y Hesíodo, aprendiéndolos de memoria. Se ejercitó en la Palestra bajo la dirección de Aristón Argivo, el cual le cambió el nombre de Aristocles, el suyo verdadero, por el de Platón.

Algunos creen que le puso este nombre por sus anchas espaldas, o su frente despejada, y otros por lo amplio de su elocución. Debió ser un gran estudiante, aunque él mismo comenta que durante su educación las ambiciones políticas de los demagogos la habían tornado despótica y rígida, lo cual le llevó después a dar una gran importancia a la educación de los jóvenes, en la República y el Protágoras, basados en lo que él mismo vivió en sus primeros años.

Respecto a Sócrates, existe una extraña y fascinante anécdota: se dice que en sueños vio un polluelo de cisne que plumaba sobre sus rodillas, al cual de inmediato le crecieron alas y se elevó por los aires. Al día siguiente de este sueño fue presentado Platón ante Sócrates, y éste constató: "He aquí el cisne". Desde entonces fue su discípulo, desde los 20 años hasta la muerte del Maestro, al cual consideraba el hombre más justo de su tiempo. Después de su muerte, y con 28 años, Platón recorrió diversas Escuelas: la de Crátilo, discípulo de Heráclito; la de Hermógenes, seguidor de Parménides; también marchó a Megara para escuchar a Euclides, y de allí a Cirene como discípulo de Teodoro, hasta llegar a Italia para seguir a los pitagóricos, y por último partió al mítico y misterioso país del Nilo. Allí se cuenta que cayó enfermo y fue curado por los propios sacerdotes egipcios, quienes además colmaron y engrandecieron sus conocimientos.

También sabemos que fue valeroso soldado que participó por lo menos en tres batallas: las de Tarragra, Corinto y Delio. Y en uno de sus viajes a Sicilia fue capturado y vendido como esclavo, después de lo cual se dedicó a formar su Academia. Volvió a Sicilia para pedirle a Dionisio el Joven algunas tierras y hombres para que vivieran según las leyes de su República, lo cual le fue prometido pero nunca cumplido; incluso parece ser que en este viaje corrió un gran riesgo, pues cayó bajo la sospecha de haber inducido una revuelta para liberar la isla. En el proceso fue defendido por Arquitos el pitagórico, gracias al cual pudo regresar a Atenas.

Respecto a su carácter, dice Heráclides que aún siendo joven fue muy vergonzoso y modesto, y nunca reía sino moderadamente. Y Anfis, en su Desidemia exclama: Oh Platón, nada sabes más que andar con el rostro cubierto de tristeza, y levantando esa ceñuda frente, tan arada de arrugas como concha.

La doctrina de Platón se había empezado a configurar después de la muerte de Sócrates, y en su Academia, Platón reelaboró un nuevo Sócrates, el Sócrates intocable del recuerdo, hasta que también murió el discípulo, en el año XIII del reinado de Filipo, y fue enterrado en la Academia.

Uno de sus epitafios, atribuido a Diógenes Laercio, afirma: Si no hubieras criado, Oh padre Febo, a Platón en Graia, ¿quién hubiera sanado con las letras los males y dolencias de los hombres? Pues así como fue Esculapio médico de los cuerpos, así curó Platón las almas inmortales.
PLATONISMO
Cuando se habla de Idealismo platónico se comete un gran error de apreciación, situando a Platón fuera de nuestro mundo real, o cuanto menos en aspiración constante a un mundo de ideas que poco o nada nos pertenece. Pero sus ideas son también realidades, modelos de perfección y valores objetivos que garantizan la legalidad del mundo y la aspiración o la justicia entre los hombres y una moral que requiere virtudes de tipo colectivo (como nos muestra en su carta VII, Platón estuvo muy preocupado por el ente público, por las cosas del mundo, y sobre todo por la juventud ateniense).

En el mito de la Caverna podemos observar precisamente que Platón vive en el mundo real, auténtico, no en uno ilusorio y abstracto.

Imaginemos una caverna y unos hombres que viven allí desde su niñez, atados de pies y manos y sujetos por el cuello, de forma que no pueden volver la vista hacia atrás. A sus espaldas, y en un lugar más elevado, hay un fuego que les alumbra y una tapia. A lo largo de la tapia pasan hombres portando diversos objetos, hablando o en silencio. Los cautivos creen que la realidad son las sombras que se proyectan en el fondo de la caverna.

Si a uno de ellos se le liberara para que pudiera dejar la caverna, al principio se sentiría deslumbrado y trataría de volver atrás. Si consiguiese subir por el áspero y escarpado sendero hasta llegar a la luz del Sol, sus ojos no distinguirían nada al principio, pero poco a poco conseguiría ver sombras, luego imágenes reflejadas, luego objetos, hasta llegar al Sol. Entonces comprendería la realidad y sentiría pena por sus compañeros cautivos. Pero si volviera a la caverna, sus compañeros le dirían que perdió la visión de las cosas y que estaba equivocado. Más aún, si intentara liberar a los presos, éstos querrían matarle.

De la misma forma que la gimnasia se encarga de mantener sano al cuerpo a través de las diferentes etapas de la vida, la Filosofía ayuda al alma a pasar de la región de las sombras a la luz, de la ignorancia a la sabiduría. A los ojos del alma se les tiene que educar desde pequeños, pues cuesta acostumbrarse paulatinamente a la luz de la sabiduría.

El Platonismo no es una simple fórmula, es ir a la raíz de los problemas. Sólo después de haberse acercado por mucho tiempo a estos problemas (de la Naturaleza y del hombre), y después de haber vivido y discutido en común su verdadero significado, surge una chispa y crece después por sí solo.

Como nos enseña en el Eutidemo, el hombre tiene que filosofar si no quiere perder su condición de hombre. La Filosofía enseña a profundizar en uno mismo, lejos del umbral de los sentidos, donde se queda el hombre ingenuo.

No vemos con los ojos, sino a través de ellos; no oímos con los oídos, sino a través de ellos; y ninguno de los sentidos puede por sí solo distinguir entre su propia actividad y la de otro sentido. Algo debe de existir que vincule a ambos, llámese alma o como se quiera, con lo cual percibimos verdaderamente todo lo que nos llega a través de los sentidos.

Platón nos habla del mundo de las ideas y de la importancia de los números, porque la naturaleza del alma humana es hermana de las ideas. El objeto que mueve al alma es la pureza del mundo ideal, el único mundo real, y el alma se convierte en el campo donde se libra la batalla del Conocimiento. La senda hacia esta comprensión reside en la Matemática y la Dialéctica.

Las ideas, para Platón, son eternas e inmutables, un reflejo de lo imperecedero. Encierran la medida de todas las cosas, incluso del ser.

Para un discípulo, encontrar a un verdadero maestro es como tener un sol particular que le alumbra en medio de las sombras, como el padre que le enseña el camino de vuelta a casa. Sin un maestro es muy difícil perseverar en algo, pues hasta los mayores propósitos por mejorar muy pronto se dejan llevar por nuestros viejos hábitos, hasta que volvemos a caer en la inercia; un maestro nos estimula y tira de nosotros con su palabra y con su ejemplo, hasta que este vínculo se vuelve irrompible y también nosotros acabamos por ser un poco maestros de quienes nos siguen.

Ante la indignación de Platón por el terrible crimen de que fue objeto su Maestro, le dedicó toda su obra, poniendo en boca de Sócrates su propia enseñanza. ¿Cómo podía prevalecer la mentira sobre la verdad? ¿Cómo la ciudad que Sócrates tanto había amado y defendido se comportaba con tanta ingratitud hacia su mejor ciudadano?

Por eso se preocupó tanto de la enseñanza de la justicia, tratando hasta su misma muerte de preparar a los hombres para llevar una vida justa y noble.

Es así como Platón asume la herencia de Sócrates y se hace cargo de su lucha contra las grandes potencias educativas de su tiempo. Sócrates había señalado la meta y establecido la norma: el conocimiento del bien. Platón encuentra el camino que conduce a esa meta: el saber.
SU OBRA
Pocos hombres como Platón nos han legado una obra tan vasta y tan extensa. Sus escritos nos han llegado casi en su integridad, y en gran parte es debido a la perduración de la Academia y a las generaciones subsiguientes.

Recordemos que la Academia fue fundada con un único principio, educar al alma de los hombres: no hay que pensar en construir estados, hay que construir hombres. Esta institución gozó de una vida ininterrumpida de 900 años, y una de sus labores fundamentales fue la influencia que ejerció entre escritores como Filón de Alejandría, Plotino, San Agustín y Clemente de Alejandría.

Durante la Edad Media, el aristotelismo parece prevalecer sobre el pensamiento platónico, pero éste se mantiene vivo, sobre todo en las obras de los filósofos bizantinos y árabes. Se podría decir que el platonismo y el neoplatonismo cristiano llegaron a su máxima expresión con Dionisio Areopagita en el siglo VI.

Entre los siglos XIV, XV y XVI existe una gran corriente platónica que alcanza su máxima cota con Giordano Bruno, Campanella y Henri Estienne.

Platón y sus Diálogos han sido, desde el pasado, permanente objetivo de investigadores, filósofos y científicos. Desde los tiempos del emperador Tiberio se han recogido diversas clasificaciones de sus obras. De la lista que nos ofrece Trasilo, hoy se descartan como textos platónicos Alcibíades II, Hiparlo, Teages y Minos, y existen dudas sobre Clitofón. Cronológicamente, sus obras quedarían así:

Primer Período, al que podríamos llamar socrático, donde estarían la Apología de Sócrates, Ión, Critón, Laques, Lisis, Cármides y Eutifrón.

El segundo período lo podríamos llamar de transición: Eutidemo, Hipias Menor, Crátilo, Hipias Mayor, Menexeno, Gorgias, República I, Protágoras, Menón.

Tercer período o de madurez: Fedón, El Banquete, La República II-X.

Cuarto período o de vejez: Parménides, Teeteto, Sofista, Político, Filebo, Critias, las Leyes y Epinomis.

También tenemos referencia a las cartas VII y VIII, en las que nos habla de la muerte de Dión de Siracusa, lo que nos revela que fueron escritas con posterioridad al año 353 a.C.

Los Diálogos de Platón podemos observarlos bajo dos estilos diferentes, uno interpretativo o expositivo y otro inquisitivo.

El Diálogo es un discurso compuesto de preguntas y respuestas sobre cuestiones filosóficas y políticas; Platón se ayuda de la dialéctica con el arte de disputar, refutar o defender alguna cuestión; y de la educción como el arte de persuadir, a partir de unas premisas, hasta alcanzar el real conocimiento de las cosas

Buda

Buda (en sánscrito बुद्ध) es un nombre honorífico con contenido religioso que se aplica a quien ha logrado un completo despertar espiritual. En el marco religioso indio en donde se desarrolla el budismo, este despertar implica un estado de tranquilidad mental. Esto sucede tras transcender el deseo o ansia (lobha), la aversión (dosha) y la confusión (moha).
En la primera compilación escrita del budismo, el canon pali, del budismo theravāda, el término Buda se refiere específicamente a aquellos que hayan despertado a la verdad (dharma).
En el budismo se relata que Buda Gautama no ha sido el único buda. El canon pāḷi se referiere al buda Gautama como el 28.º de una larga lista que surgen paralelamente al florecimiento y posterior desaparición de su enseñanza (véase la Lista de los 28 Budas). Según el budismo, el próximo Buda aparecerá dentro de miles de años y será llamado Maitreya (Pāḷi: Metteyya).
El budismo enseña que cualquiera tiene el potencial innato para llegar a experimentar el despertar y el nirvāṇa. Realizar el nirvana implica realizar la misma naturaleza de un Buda, pero no así convertirse en un Buda histórico como lo fue Siddharta Gautama. En el budismo theravāda existe el apelativo de arhat(noble, digno) que se aplica a quienes han realizado dichas cualidades. En el posterior budismo mahāyāna el significado de la palabra de Buda cobrará un uso mucho más extensivo, en donde la palabra Buda se empleará tanto para nombrar al personaje histórico de Siddharta, para hacer mención a la completa realización del camino budista, o para designar a la realidad como un todo ("el Buda"). Los diversos enfoques de escuelas distintas así como las traducciones hacia el sánscrito, chino o tibetano, será el marco para esta ampliación de significados.

Tipos de budas

En el canon pāḷi, se une el término buddha con otras palabras para así distinguir peculiaridades de un Buda. De este modo, se explican tres tipos de buda: samyaksambuddhas (en pāḷi: sammasambuddhas) , pratyekabuddhas (en pāḷi: paccekabuddhas) y Savakabuda.
  • samyaksambuddhas: son aquellos que una vez alcanzada la budeidad, deciden enseñar a otros la verdad que han descubierto. Asimismo son los que deciden sobre qué hacer con su propio destino, teniendo muchas opciones que vienen de su interior y naturaleza, teniendo claras estas decisiones recién se sienten capaces de guiar a otros al despertar a través de la enseñanza del dharma en un tiempo o mundo donde éste ha sido olvidado o no ha sido enseñado todavía. Siddhartha Gautama es considerado uno de los 28 samyaksambuddhas. Para llegar a ser un samyaksabuddha se deben practicar los 10 paramitas o perfecciones que son atribuidos a todos los Budas, entonces puede ser considerado como «perfectamente iluminado» y está en condiciones para predicar el dharma. El personaje histórico del Buda es considerado un Samyaksambuddha.
  • Pratyekabuddhas: en ocasiones llamados «los budas silenciosos o solitarios», son similares a los samyaksambuddhas en que han alcanzado el nirvana y adquirido la misma realización que ellos, pero han escogido no enseñar a otros de manera explícita todo lo que han descubierto, sino que se limitan a consejos de conducta o morales (abhisamācārikasikkhā). En la tradición budista son considerados inferiores a los samyaksambuddhas. En algunos textos, los pratyekabuddhas son descritos como aquellos que comprenden el dharma a través de sus propios esfuerzos, pero que no obtienen la omnisciencia ni el dominio sobre los «frutos» (phaleshu vasībhāvam).
  • Existe otro tipo de buda, aunque es un término poco utilizado: Savakabuda

Otros términos importantes

  • Arhat: es alguien que sigue la enseñanza de un samyaksambuddha y logra realizar el nirvana. Este término se emplea en el budismo Theravada e implica la máxima realización a la que se puede aspirar, ya que el nombre de Buda se aplica sólo al Buda histórico.
  • Sravakas: a menudo aparece también el nombre de sravakas. La denominación de sravaka significa (‘oidor’ o ‘seguidor’), y se aplica a toda aquella persona que sigue la enseñanza del Buda escuchando y reteniendo, pero no ha realizado todavía el nirvana y no es un arhat.
Estos términos mencionados son los principales del budismo Theravada, si bien la palabra buddha se utiliza unida a otros prefijos varias veces, como por ejemplo en el caso de Anubuddha; un término empleado por el Buda Gautama en la Khuddakapatha para referirse a aquellos que llegaron a ser budas después de recibir instrucción. Estos discípulos iluminados alcanzan el nirvāṇa y el parinirvāṇa al igual que los otros dos tipos de buda, aunque el término más usado para ellos es Arhat.
Un comentario theravāda del siglo XII usa el término savakabuddha para describir la iluminación del discípulo. Según esta escritura hay tres tipos de budas, pero en este caso, no se aplica el significado común de la palabra buda (como aquel que descubre el dharma sin un maestro). La corriente dominante en las escrituras theravāda y mahāyāna no reconoce este término y declara que hay sólo dos tipos de budas.

Budismo Theravāda

Mucho después de la muerte de Buda Gautama, solo se mantenían las tradiciones orales, negándose los monjes a utilizar la escritura, en favor del entrenamiento de la memoria. Recién cuatro siglos después de su muerte, aparecieron los primeros textos escritos.
El budismo se enseñaba en escuelas religiosas, directamente de boca a oído, y uno de los más grandes maestros había sido Sariputra (el hijo de Sari), quien fuera discípulo del Buda histórico, y a quien la corriente Hinayana considera el segundo fundador del budismo
Sariputra sistematizó la doctrina y descartó enseñanzas que a su ver, no constituían la enseñanza fundamental. Por otro lado, un asistente del Buda, llamado Ananda, se erigió en defensor de la totalidad de la enseñanza, bajo sus propias interpretaciones
La corriente de Sariputra recibe el nombre de Theravāda ("de los antiguos"). También se la conoce, a veces de forma peyorativa, como Hinayana o "del pequeño vehículo", por su austeridad y precisión, en contraste con la corriente de Ananda, que es conocida como "del gran vehículo" o Mahāyāna, por la profusión de enseñanzas y reglamentos.
La ortodoxia monástica coincidía con Sariputra y rechazaban a Ananda, quien era visto como un "liberal"; a su vez los seguidores  Mahayana se oponían a Sariputra, a quien atacaban en sus escritos, considerándolo "inferior en sabiduría" y de intelecto lento. Según algunos textos, los seguidores de Ananda manifestaban que el Buda histórico le había impartido a Sariputra una enseñanza inferior, para que pudiera entenderla.
El Budismo Theravāda concentra sus esfuerzos en destruir la fijación del yo y del cuerpo. Para ello enunció en el tratado llamado Abhidharma, varios factores que acompañan a cualquier fenómeno sensible y que hacen que quien lo percibe, confunda las sensaciones con la realidad primaria.
En el Theravāda, el Buda es el ente trascendental y despersonalizado, que se separó del mundo fenoménico, identificándose con la realidad última.

Budismo Mahayana

La ampliación de significados que significó el budismo Mahayana propició el empleo de la palabra Buda en varios sentidos. Cuando el budismo entró primeramente en China, se utilizó en los primeros siglos de manera similar a la palabra Tao, y así se empezó a aplicar la frase "el Buda" para describir a la realidad "tal cual es". A su vez, se exaltará la ausencia de diferencia que supone la realización del nirvana respecto al estado de un Buda. Ya en el Canon Pali del budismo antiguo, Buda reprende a Sariputra tras su despertar por que éste no acepta que sea igual que el Buda. En el mahayana el significado de la palabra Buda adquirirá significados más atemporales, devocionales y escatológicos, y así su uso será intensivo para señalar a personas, vivencias o estados de la mente.
Respecto al resto de términos provenientes del budismo clásico, éstos sufrirán también algunas ampliaciones. El término Arhat queda en desuso para dar paso a la presencia de la palabra Boddhisatva.
  • Boddhisatva: A semejanza del Arhat del budismo Theravada, el Boddhisatva sigue las enseñanzas del Buda pero añadiendo una connotación universalista, ya que hace votos para no realizar el nirvana definitivo hasta que todos los seres sean liberados. Éste ideal subraya dos cosas importantes: la primera es un compromiso histórico en el budismo como religión universalista. La segunda es que el seguidor se sitúa en una posición temporal distinta respecto a los logros de su propio camino, subrayando su propia humildad para la persecución del Nirvana así como evitar que su esfuerzo sea presa del deseo o del pensamiento racional.
La palabra Boddhisatva estaba presente en el budismo antiguo, si bien se le daba un uso más histórico para nombrar la trayectoria de alguien que acabará siendo Buda, como por ejemplo le ocurrió al Buda histórico. En el mahayana en cambio todos los seguidores serán motivados para vivir esta trayectoria como propia del camino budista de cualquier practicante.

Características de un buda

Diez características

Algunos budistas meditan sobre (o contemplan) el estado de buda con Diez características:
  • digno o noble
  • perfectamente autoiluminado
  • perfeccionado en conocimiento y conducta
  • glorioso o divino
  • insuperable conocedor del mundo
  • insuperable líder de personas
  • maestro de dioses y humanos
  • iluminado o trascendido
  • bendecido o afortunado
  • conoce la luz y la oscuridad
Estas características son mencionadas con frecuencia en las escrituras budistas y son recitadas a diario en muchos monasterios budistas.

Realizaciones espirituales

Además de que un buda ha purificado su mente de deseo, aversión e ignorancia y por tanto ha dejado de estar atado al samsāra, la tradición señala que un buda posee una serie de poderes espirituales o sobrenaturales. No obstante, aunque definitorios son considerados secundarios según indicaciones del propio Buda, y así se señala principalmente el hecho de que un buda es alguien totalmente despierto que se ha dado cuenta de la verdad primordial: de la naturaleza de la vida. Una de las características más importantes del buda es ser conocedor de la luz y de la oscuridad.

Un buda no es un dios

En el canon pāḷi, se subraya la idea de que Buda Gautama fue un ser humano. En el budismo theravāda se hace énfasis también en los más grandes poderes psíquicos (phala, ver Kevatta Sutta). El cuerpo y la mente (los cinco khandas) de un buda son impermanentes y cambiantes, al igual que el cuerpo y la mente de la gente común. Sin embargo, un buda reconoce la naturaleza inmutable del dharma, el cual es un principio eterno y es un fenómeno incondicionado y atemporal. Este punto de vista es común en la escuela Theravāda y en otras escuelas budistas tempranas.
Desde el budismo mahāyāna, se considerarán tres facetas de un Buda y que también son las de la realidad percibida: nirmanakaya, sambogakaya y dharmakaya. Estas tres características suponen una visión trinitaria de la realidad para poder explicarla; esto es principalmente un marco filosófico y explicativo para sondear su naturaleza.
Un malentendido común es que se considere a un Buda como a un Dios. El budismo es una religión no-teísta. Aunque Buda Gautama comenta sobre dioses tradicionales, Gautama consideró que las cuestiones sobre el "más allá" son sin provecho para la perspectiva de la liberación. Por lo que, en general, los budistas no se plantean ni especulan sobre la existencia o no de un dios, o un creador supremo. El budismo no requiere de este recurso para explicar cómo alcanzar la iluminación. Se considera a Buda como el guía y maestro que señala el camino para alcanzar el nirvāṇa y no como una deidad que hay que adorar. Para muchos budistas, el alcanzar la iluminación es una responsabilidad personal que no se puede dejar en manos de un tercero, aunque otras corrientes budistas, como la de Tierra Pura, confían en la vía devocional mediante la invocación del Buda Amitabha, para que éste les permita renacer en un nivel espiritual superior.

El buda del budismo mahāyāna

Las escuelas del budismo mahāyāna afirman también que el buda histórico era un ser humano, si bien creen que tras convertirse en buda pasó a ser esencialmente algo más que un ser humano físico común, estaba integrado en la realidad de una manera distinta y trascendente. Por vía de otras especulaciones filosóficas aparecerán otros marcos explicativos similares. Uno de los principales es la noción de Tathagatagarbha o "Matriz de la iluminación". En este esquema, se considera que [buda] es una potencialidad inherente en todo ser vivo que podrá ser despertada en el momento propicio. Por lo tanto, que todos los seres son "budas" en potencia ya que tienen la capacidad de despertar rápido y también con perfección. Esta es una doctrina metafísica y soteriología particularmente importante desde el siglo VI y a partir de la difusión de la Prajnaparamita, la principal aportación doctrinal del budismo mahāyāna.
A partir de aquí, la doctrina del Tathagatagarbha influirá en los principales sutras del budismo mahāyāna, como el Mahāparinirvana, el Lankavatara, el Sutra del Loto, el Sutra de la Perfecta Iluminación, etc. Todos estos textos irán circulando por toda Asia y conformado así las diferentes escuelas del mahāyāna, que encuentran en esta idea filosófica un punto común y distintivo de su antecesor histórico indio (el actual budismo theravāda).

Representaciones de buda en el arte


Los budas son frecuentemente representados en estatuas y pinturas. Los diseños habituales incluyen:
  • El buda sedente
  • El buda reclinado
  • El buda pedestre
  • El buda demacrado, que muestra a Siddhartha Gautama durante la práctica de su extremo ayuno.
  • Hotei o Budai, el buda gordo y sonriente, común en China (Se cree que esta figura es una representación de un monje medieval chino que es asociado con Maitreya)
La estatua de buda Gautama que lo muestra invocando la lluvia es una pose común en Laos.

Mudrās

Las posturas y gestos de las manos de estas estatuas, conocidas respectivamente como āsanas y mudrās, son relevantes al momento de determinar su significado total. La popularidad de un mudrā o de un āsana determinados tiende a ser específica de cada región, verbigracia el mudrā vajra (o jīngāng), es popular en Japón y Corea, pero infrecuente en India. Otros son más comunes, por ejemplo, el mudrā vara-dá (‘da deseos’) es habitual entre las estatuas pedestres de Buda, especialmente cuando va asociado con el mudrā a-bhaya (‘sin-temor’).

Marcas o señales

La mayor parte de pinturas de Buda contienen un cierto número "de marcas", que son consideradas los signos de su sublimación. Estos signos varían según la región, pero dos son comunes:
  • una protuberancia sobre la coronilla (denota una magnífica acuidad mental)
  • grandes lóbulos (denota una magnífica oída)
En el Canon Pali hay mención frecuente de una lista 32 señales físicas de Buda.

 

La depresión requiere atención

La depresión no es un sentimiento, es una actitud, o casi podría decirse que un estilo de vida. No hay que sentirse triste todo el tiempo, para estar deprimido. 

Algunas veces puede ser confundida con estrés, pero aunque son parientes no tan distantes, no son lo mismo, ni se resuelven de igual forma.  Su manifestación puede ser muy sutil, pero aún así, necesita ayuda profesional.
 
Puede deberse a muchas causas, tanto emocionales como fisiológicas, a veces relacionada con los niveles de neurotransmisores en el cerebro o el organismo, por lo que no debe verse como un tabú, y se debe buscar atención médica.

Algunos signos de depresión pueden ser:
  • Perder el interés en algo que usualmente nos gusta 
  • Postergar las cosas 
  • Restarle importancia a ciertas cosas o eventos
  • Alterar nuestra escala de valores 
  • No priorizar adecuadamente 
  • No completar lo que empezamos 
  • Estar muy sensibles con todos a nuestro alrededor 
  • Bajo nivel de tolerancia con los demás 
  • Sentirse atacado constantemente por quienes nos rodean
  • Tener mucha hambre o poco apetito o desear cosas dulces con mucha frecuencia
  • No poder manejar situaciones estresantes 
  • Sensación de ansiedad, a veces sin razón aparente
  • Sentirse abrumado o atribulado la mayor parte del tiempo
  • Perder la confianza y/o empezar a dudar de tus propios juicios 
  • No tener ganas de socializar 
  • Sentirse solo e incomprendido
  • Encontrar fallas y defectos en otras personas cercanas 
  • Apatía o aislamiento
  • Fatiga o cansancio constante
  • Insomnio o problemas para conciliar el sueño o mantenerse dormido
  • Dormir demasiadas horas (mas de lo realmente necesario)


La depresión es una enfermedad que requiere atención médica; si se siente así o tiene alguno de los síntomas, acuda al médico psiquiatra o sicólogo; no deje de buscar la ayuda necesaria.

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