La Sombra - La enfermedad como camino

Toda la Creación existe en ti y todo lo que hay en ti existe
también en la Creación. No hay divisoria entre tú y un objeto que esté muy cerca
de ti, como tampoco hay distancia entre tú y los objetos lejanos. Todas las
cosas, las más pequeñas y las más grandes, las más bajas y las más altas, están
en ti y son de tu misma condición. Un solo átomo contiene todos los elementos de
la Tierra. Un solo movimiento del espíritu contiene todas las leyes de la vida.
En una sola gota de agua se encuentra el secreto del inmenso océano. Una sola
manifestación de ti contiene todas las manifestaciones de la vida.
Kahlil Gibran

El individuo dice «yo» y con esta palabra entiende una serie de características: «Varón, alemán, padre de familia y maestro. Soy activo, dinámico, tolerante, trabajador, amante de los animales, pacifista, bebedor de té, cocinero por afición, etc.» A cada una de estas características precedió, en su momento, una decisión, se optó entre dos posibilidades, se integró un polo en la identidad y se descartó el otro. Así la identidad «soy activo y trabajador» excluye automáticamente «soy pasivo y vago». De una identificación suele derivarse rápidamente también una valoración: «En la vida hay que ser activo y trabajador; no es bueno ser pasivo y vago.» Por más que esta opinión se sustente con argumentos y teorías, esta valoración no pasa de subjetiva.
Desde el punto de vista objetivo, esto es sólo una posibilidad de plantearse las cosas—y una posibilidad muy convencional—. ¿Qué pensaríamos de una rosa roja que proclamara muy convencida: «Lo correcto es florecer en rojo. Tener flores azules es un error y un peligro.» El repudio de cualquier forma de manifestación es siempre señal de falta de identificación (... por cierto que la violeta, por su parte, no tiene nada en contra de la floración azulada).
Por lo tanto, cada identificación que se basa en una decisión descarta un polo. Ahora bien, todo lo que nosotros no queremos ser, lo que no queremos admitir en nuestra identidad, forma nuestro negativo, nuestra «sombra». Porque el repudio de la mitad de las posibilidades no las hace desaparecer sino que sólo las destierra de la identificación o de la conciencia.
El «no» ha quitado de nuestra vista un polo, pero no lo ha eliminado. El polo descartado vive desde ahora en la sombra de nuestra conciencia. Del mismo modo que los niños creen que cerrando los ojos se hacen invisibles, las personas imaginan que es posible librarse de la mitad de la realidad por el procedimiento de no reconocerse en ella. Y se deja que un polo (por ejemplo, la laboriosidad) salga a la luz de la conciencia mientras que el contrario (la pereza) tiene que permanecer en la oscuridad donde uno no lo vea. El no ver se considera tanto como no tener y se cree que lo uno puede existir sin lo otro.Llamamos sombra (en la acepción que da a la palabra C. G. Jung) a la suma de todas las facetas de la realidad que el individuo no reconoce o no quiere reconocer en sí y que, por consiguiente, descarta. La sombra es el mayor enemigo del ser humano: la tiene y no sabe que la tiene, ni la conoce. La sombra hace que todos los propósitos y los afanes del ser humano le reporten, en última instancia, lo contrario de lo que él perseguía. El ser humano proyecta en un mal anónimo que existe en el mundo todas las manifestaciones que salen de su sombra porque tiene miedo de encontrar en sí mismo la verdadera fuente de toda desgracia. Todo lo que el ser humano rechaza pasa a su sombra que es la suma de todo lo que él no quiere. Ahora bien, la negativa a afrontar y asumir una parte de la realidad no conduce al éxito deseado. Por el contrario, el ser humano tiene que ocuparse muy especialmente de los aspectos de la realidad que ha rechazado. Esto suele suceder a través de la proyección, ya que cuando uno rechaza en su interior un principio determinado, cada vez que lo encuentre en el mundo exterior desencadenará en él una reacción de angustia y repudio.
No estará de más recordar, para mejor comprender esta relación, que nosotros entendemos por «principios» regiones arquetípicas del ser que pueden manifestarse con una enorme variedad de formas concretas. Cada manifestación es entonces representación de aquel principio esencial. Por ejemplo: la multiplicación es un principio. Este principio abstracto puede presentársenos bajo las más diversas manifestaciones (3 por 4, 8 por 7, 49 por 248, etc.). Ahora bien, todas y cada una de estas formas de expresión, exteriormente diferentes, son representación del principio «multiplicación». Además, hemos de tener claro que el mundo exterior está formado por los mismos principios arquetípicos que el mundo interior. La ley de la resonancia dice que nosotros sólo podemos conectar con aquello con lo que estamos en resonancia. Este razonamiento, expuesto extensamente en Schicksal als Chance, conduce a la identidad entre mundo exterior y mundo interior. En la filosofía hermética esta ecuación entre mundo exterior y mundo interior o entre individuo y Cosmos se expresa con los términos: microcosmos = macrocosmos.
Proyección significa, pues, que con la mitad de todos los principios fabricamos un exterior, puesto que no los queremos en nuestro interior. Al principio decíamos que el Yo es responsable de la separación del individuo de la suma de todo el Ser. El Yo determina un Tú que es considerado como lo externo. Ahora bien, si la sombra está formada por todos los principios que el Yo no ha querido asumir, resulta que la sombra y el exterior son idénticos. Nosotros siempre sentimos nuestra sombra como un exterior, porque si la viéramos en nosotros ya no sería la sombra. Los principios rechazados que ahora aparentemente nos acometen desde el exterior los combatimos en el exterior con el mismo encono con que los habíamos combatido dentro de nosotros. Nosotros insistimos en nuestro empeño de borrar del mundo los aspectos que valoramos negativamente. Ahora bien, dado que esto es imposible —véase la ley de la polaridad—, este intento se convierte en una pugna constante que garantiza que nos ocupamos con especial intensidad de la parte de la realidad que rechazamos.
Esto entraña una irónica ley a la que nadie puede sustraerse: lo que más ocupa al ser humano es aquello que rechaza. Y de este modo se acerca al principio rechazado hasta llegar a vivirlo. Es conveniente no olvidar las dos últimas frases. El repudio de cualquier principio es la forma más segura de que el sujeto llegue a vivir este principio. Según esta ley, los niños siempre acaban por adquirir las formas de comportamiento que habían odiado en sus padres, los pacifistas se hacen militantes; los moralistas, disolutos; los apóstoles de la salud, enfermos graves.
No se debe pasar por alto que rechazo y lucha significan entrega y obsesión. Igualmente, el evitar en forma estricta un aspecto de la realidad indica que el individuo tiene un problema con él. Los campos interesantes e importantes para un ser humano son aquellos que él combate y repudia, porque los echa de menos en su conciencia y le hacen incompleto. A un ser humano sólo pueden molestarle los principios del exterior que no ha asumido.
En este punto de nuestras consideraciones, debe haber quedado claro que no hay un entorno que nos marque, nos moldee, influya en nosotros o nos haga enfermar: el entorno hace las veces de espejo en el que sólo nos vemos a nosotros mismos y también, desde luego y muy especialmente, a nuestra sombra a la que no podemos ver en nosotros. Del mismo modo que de nuestro propio cuerpo no podemos ver más que una parte, pues hay zonas que no podemos ver (los ojos, la cara, la espalda, etc.) y para contemplarlas necesitamos del reflejo de un espejo, también para nuestra mente padecemos una ceguera parcial y sólo podemos reconocer la parte que nos es invisible (la sombra) a través de su proyección y reflejo en el llamado entorno o mundo exterior. El reconocimiento precisa de la polaridad.El reflejo, empero, sólo sirve de algo a aquel que se reconoce en el espejo: de lo contrario, se convierte en una ilusión. El que en el espejo contempla sus ojos azules, pero no sabe que lo que está viendo son sus propios ojos en lugar de reconocimiento sólo obtiene engaño. El que vive en este mundo y no reconoce que todo lo que ve y lo que siente es él mismo, cae en el engaño y el espejismo. Hay que reconocer que el espejismo resulta increíblemente vívido y real (... muchos dicen, incluso, demostrable), pero no hay que olvidar esto: también el sueño nos parece auténtico y real, mientras dura. Hay que despertarse para descubrir que el sueño es sueño. Lo mismo cabe decir del gran océano de nuestra existencia. Hay que despertarse para descubrir el espejismo.
Nuestra sombra nos angustia. No es de extrañar, por cuanto que está formada exclusivamente por aquellos componentes de la realidad que nosotros hemos repudiado, los que menos queremos asumir. La sombra es la suma de todo lo que estamos firmemente convencidos que tendría que desterrarse del mundo, para que éste fuera santo y bueno. Pero lo que ocurre es todo lo contrario: la sombra contiene todo aquello que falta en el mundo —en nuestro mundo—para que sea santo y bueno. La sombra nos hace enfermar, es decir, nos hace incompletos: para estar completos nos falta todo lo que hay en ella.
La narración del Grial trata precisamente de este problema. El rey Anfortas está enfermo, herido por la danza del mago Klingor o, en otras versiones, por un enemigo pagano o, incluso, por un enemigo invisible. Todas estas figuras son símbolos inequívocos de la sombra de Anfortas: su adversario, invisible para él. Su sombra le ha herido y él no puede sanar por sus propios medios, no puede recobrar la salud, porque no se atreve a preguntar la verdadera causa de su herida. Esta pregunta es necesaria, pero preguntar esto sería preguntar por la naturaleza del Mal. Y, puesto que él es incapaz de plantearse este conflicto, su herida no puede cicatrizar. Él espera un salvador que tenga el valor de formular la pregunta redentora. Parsifal es capaz de ello, porque, como su nombre indica, es el que «va por el medio», por el medio de la polaridad del Bien y el Mal con lo que obtiene la legitimación para formular la pregunta salvadora: «¿Qué te falta, Oheim?» La pregunta es siempre la misma, tanto en el caso de Anfortas como en el de cualquier otro enfermo: «¡La sombra!» La sola pregunta acerca del mal, acerca del lado oscuro del hombre, tiene poder curativo. Parsifal, en su viaje, se ha enfrentado valerosamente con su sombra y ha descendido a las oscuras profundidades de su alma hasta maldecir a Dios. El que no tenga miedo a este viaje por la oscuridad será finalmente un auténtico salvador, un redentor. Por ello, todos los héroes míticos han tenido que luchar contra monstruos, dragones y demonios y hasta contra el mismo infierno, para ser salvos y salvadores.
La sombra produce la enfermedad, y el encararse con la sombra cura. Ésta es la clave para la comprensión de la enfermedad y la curación. Un síntoma siempre es una parte de sombra que se ha introducido en la materia. Por el síntoma se manifiesta aquello que falta al ser humano. Por el síntoma el ser humano experimenta aquello que no ha querido experimentar conscientemente. El síntoma, valiéndose del cuerpo, reintegra la plenitud al ser humano. Es el principio de complementariedad lo que, en última instancia, impide que el ser humano deje de estar sano. Si una persona se niega a asumir conscientemente un principio, este principio se introduce en el cuerpo y se manifiesta en forma de síntoma. Entonces el individuo no tiene más remedio que asumir el principio rechazado. Por lo tanto, el síntoma completa al hombre, es el sucedáneo físico de aquello que falta en el alma.
En realidad, el síntoma indica lo que le «falta» al paciente, porque el síntoma es el principio ausente que se hace material y visible en el cuerpo. No es de extrañar que nos gusten tan poco nuestros síntomas, ya que nos obligan a asumir aquellos principios que nosotros repudiamos. Y entonces proseguimos nuestra lucha contra los síntomas, sin aprovechar la oportunidad que se nos brinda de utilizarlos para completarnos. Precisamente en el síntoma podemos aprender a reconocernos, podemos ver esas partes de nuestra alma que nunca descubriríamos en nosotros, puesto que están en la sombra. Nuestro cuerpo es espejo de nuestra alma; él nos muestra aquello que el alma no puede reconocer más que por su reflejo. Pero, ¿de qué sirve el espejo, por bueno que sea, si nosotros no nos reconocemos en la imagen que vemos? Este libro pretende ayudar a desarrollar esa visión que necesitamos para descubrirnos a nosotros mismos en el síntoma.
La sombra hace simulador al ser humano. La persona siempre cree ser sólo aquello con lo que se identifica o ser sólo tal como ella se ve. A esta autovaloración llamamos nosotros simulación. Con este término designamos siempre la simulación frente a uno mismo (no las mentiras o falsedades que se cuentan a los demás). Todos los engaños de este mundo son insignificantes comparados con el que el ser humano comete consigo mismo durante toda su vida. La sinceridad para con uno mismo es una de las más duras exigencias que el hombre puede hacerse. Por ello, desde siempre el conocimiento de sí mismo es la tarea más importante y más difícil que pueda acometer el que busca la verdad. El conocimiento del propio ser no significa descubrir el Yo, pues el ser lo abarca todo mientras que el Yo, con su inhibición, constantemente impide el conocimiento del todo, del ser. Y, para el que busca la sinceridad al contemplarse a sí mismo, la enfermedad puede ser de gran ayuda. ¡Porque la enfermedad nos hace sinceros! En el síntoma de la enfermedad tenemos claro y palpable aquello que nuestra mente trataba de desterrar y esconder.
La mayoría de la gente tiene dificultades para hablar de sus problemas más íntimos (suponiendo que los conozca siquiera) de forma franca y espontánea; los síntomas, por el contrario, los explican con todo detalle a la menor ocasión. Desde luego, es imposible descubrir con más detalle la propia personalidad. La enfermedad hace sincera a la gente y descubre implacablemente el fondo del alma que se mantenía escondido. Esta sinceridad (forzosa) es sin duda lo que provoca la simpatía que sentimos hacia el enfermo. La sinceridad lo hace simpático, porque en la enfermedad se es auténtico. La enfermedad deshace todos los sesgos y restituye al ser humano al centro de equilibrio. Entonces, bruscamente, se deshincha el ego, se abandonan las pretensiones de poder, se destruyen muchas ilusiones y se cuestionan formas de vida. La sinceridad posee su propia hermosura, que se refleja en el enfermo.
En resumen: el ser humano, como microcosmos, es réplica del universo y contiene latente en su conciencia la suma de todos los principios del ser. La trayectoria del individuo a través de la polaridad exige realizar con actos concretos estos principios que existen en él en estado latente, a fin de asumirlos gradualmente. Porque el discernimiento necesita de la polaridad y ésta, a su vez, constantemente impone en el ser humano la obligación de decidir. Cada decisión divide la polaridad en parte aceptada y polo rechazado. La parte aceptada se traduce en la conducta y es asumida conscientemente. El polo rechazado pasa a la sombra y reclama nuestra atención presentándosenos aparentemente procedente del exterior. Una forma frecuente y específica de esta ley general es la enfermedad, por la cual una parte de la sombra se proyecta en el físico y se manifiesta como síntoma. El síntoma nos obliga a asumir conscientemente el principio rechazado y con ello devuelve el equilibrio al ser humano. El síntoma es concreción somática de lo que nos falta en la conciencia. El síntoma, al hacer aflorar elementos reprimidos, hace sinceros a los seres humanos.

Fuente: Dethlefsen, T. y Dahlke, R. La enfermedad como camino. Capítulo III

Los Miedos

El miedo se apodera de ti cuando te encuentra falto de recursos, cuando te toma con la guardia baja. Primero empieza llenándote de dudas, después te crea ilusiones para que te evadas de la realidad y cuando estas a punto de actuar, viene haciéndose el grande y el poderoso; te hace creer que eres débil y cobarde te dice que es más fuerte que tú, te cambia la percepción de las cosas y te las muestra desde un lugar donde te hace sentir inferior e imposibilitado.
Te proyecta al futuro con incertidumbre, se instala en tu mente, en el rincón mas obscuro justo ahí donde es mas difícil que lo encuentres. Te alerta todos los sentidos; es como el veneno de Escorpión; una vez que entra en tu sangre, te va paralizando poco a poco hasta que te termina matando.

Cuentan que un día un peregrino se encontró con la Peste y le preguntó a dónde iba:
- A Bagdad - le contestó ésta - a matar cinco mil personas.
Pasó una semana y cuando el peregrino se volvió a encontrar con la Peste que regresaba de su viaje la interpeló indignado:
- ¡Me dijiste que ibas a matar a cinco mil personas, y mataste a cincuenta mil!
- No - respondió la Peste. - Yo sólo maté a cinco mil, el resto se murió de miedo.
(Jorge Bucay)

El miedo, es una emoción que nos frena, nos predispone a la hora de actuar. Mi mayor de los miedos son las conversaciones con mi yo interior. Solemos disfrazarlo diciéndonos a nosotros mismos:
No puedo comprometerme. Ésto no es para mí. Las circunstancias no me lo permiten. Mejor después. Resulta difícil. No lo lograré. No tengo tiempo. Es mucho para mí. No me atrevo...
A veces cuesta poner los pies en la tierra, cuesta distinguir si el miedo es real o es solo parte de nuestra imaginación. Pero no me refiero al miedo... que se pueda sentir hacia algo o alguien que parece que nos observa o nos sigue... o ese miedo típico de la películas de terror.
Miedo a lo desconocido, a la soledad o el abandono, fracasar, equivocarse, incluso al éxito, al engaño, a la traición, a la escasez, a la pobreza...
Aprendimos a tener miedo cuando éramos pequeños. A las cosas nuevas, a lo que no tenía explicación, a perder lo que queríamos. Las circunstancias cambiaron, ahora tenemos más recursos, somos "Adultos", sin embargo el comportamiento funciona en automático.
Cuando creemos en algo, lo hacemos partícipe de nuestras vidas, forma parte de ellas, se apodera hasta dejarnos sin respiración.
Hay que salir de ese estado a como de lugar, ver el vaso medio lleno: Apostar por las cosas nuevas y desafíos, Sentirse bien con uno mismo, Aprender de todo y de todos, Querer cambiar sintiéndonos diferentes, Valorar, siendo ricos con lo que tenemos.
Coach dijo: "Si vas a tener fantasías, ¿por qué no elegir aquellas positivas que puedan apoyarte a lograr tus metas?"
Virgil Thompson decía: "Prueba algo que no hayas probado antes y hazlo por lo menos tres veces: una para sobreponerte al miedo, otra para averiguar cómo hacerlo y la tercera para ver si te gusta o no."
"El miedo es algo que necesita ser atravesado para crecer".
"Lo que tanto asusta hacer es un claro indicador de la próxima cosa que necesitamos emprender".

Qué es el Eneagrama?

El símbolo se compone de 3 partes: El círculo: simboliza la totalidad y la unicidad, indica su perspectiva del ser humano como un todo, completo en sí mismo y también la idea de que Dios es uno. El triángulo: que según Gurdjieff representa la Ley del Tres: Todo lo que existe es el resultado de tres fuerzas: una positiva, otra negativa y una neutra, que coincide también con el concepto de trinidad de la mayoría de las tradiciones espirituales. La héxada: figura realizada por las líneas que unen los puntos en la secuencia 1-4-2-8-5-7, que simboliza lo que Gurdjieff llamó la ley del Siete: es la forma en la que cualquier cosa cambia y evoluciona en el tiempo. Esta figura tiene que ver con el proceso y el desarrollo en el tiempo. Nada es estático, todo se mueve y se convierte en otra cosa. Todo cambia, se recicle, evoluciona o se transfiere. Uniendo estos 3 elementos (círculo, triángulo y héxada) obtenemos el Eneagrama. Este símbolo representa la integridad (círculo), cuya identidad resulta de la interacción de 3 fuerzas (triángulo) y su evolución en el tiempo (héxada). Es la Unidad y la Totalidad.
EL MAPA DEL PSIQUISMO HUMANO
La Energía del Eneagrama es dinámica, es un espiral de elevación continua Cada uno de los nueve puntos representa una manifestación concreta y parcial de ese Ser total, es decir que representa los nueve tipos de personalidad fundamentales de la Naturaleza Humana. "El eneagrama es el "movimiento perpetuo", es ese "perpetuum mobile" que los hombres han buscado desde la más lejana antigüedad –siempre en vano-. Y no es difícil comprender por qué no podían encontrarlo. Buscaban fuera de sí mismos lo que se hallaba dentro de ellos..." Gurdjieff
¿PARA QUE SIRVE EL ENEAGRAMA?
El Eneagrama es una invitación al autoconocimiento personal, conocer nuestras fortalezas y nuestras debilidades para trabajar sobre nosotros mismos y aceptarnos. Del mismo modo, podremos permitirnos conocer mejor a los otros y aceptarlos también. "No se acepta ni se ama lo que no se conoce" Cada tipo de personalidad se basa en un sistema de filtros perceptivos que determinan nuestra percepción, nuestra visión del mundo. Al descubrir tu eneatipo y la creencia subyacente, también descubrirás cuáles son tus motivo y, las estrategias con la que enfrentas los acontecimientos de tu vida y dándote nuevas herramientas para tu viaje de Crecimiento Personal. "Las cosas no son como las vemos, las vemos como somos."
EL CONOCIMIENTO DEL ENEAGRAMA, LLEVARA A CONSCIENCIA TU PERSONALIDAD ADQUIRIDA QUE DEFIENDE DE UNA PASION ESCONDIDA, ES EL EGO, LA PERSONALIDAD FALSA, LA QUE DESCUBRIRAS, PARA QUE YA NO TE CONTROLE DE MANERA MECANICA SINO QUE CONOCERAS QUE ES LO QUE ESTA DEFENDIENDO, Y ALEJANDOTE DE TU ESENCIA.

El arte de estar bien

Si no queremos enfermar... expresemos nuestros sentimientos.
Las emociones y sentimientos ocultos, reprimidos, terminan en enfermedades como la gastritis, úlcera, dolor lumbar y de la columna. Con el tiempo, la represión de los sentimientos degenera en cáncer. Entonces vayamos a un confidente para compartir nuestra intimidad, nuestros secretos¡nuestros errores! ¡El diálogo, el hablar, la palabra son remedios poderosos y una excelente terapia!
Si no queremos enfermar... tomemos decisiones. La persona indecisa se mantiene en duda, en ansiedad, en angustia.
La indecisión acumula problemas, preocupaciones y agresiones. La historia de la humanidad se ha escrito por decisiones. Decidir es precisamente saber renunciar, saber perder ventajas y valores para ganar a otros. La gente indecisa son víctimas de malestares gástricos y nerviosos y de problemas cutáneos.Si no queremos enfermar... encontremos soluciones. La gente negativa no encuentra soluciones y agrandan los problemas. Prefieren la lamentación, el chisme y el pesimismo. Es mejor encender un cerillo que lamentarnos de la oscuridad.
Una abeja es pequeña pero produce una de las cosas más dulces que existen. Somos lo que pensamos. El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedad.
Si no queremos enfermar... no vivamos desde la apariencia. Quien oculta la realidad, pretende, posa y siempre quiere dar la impresión de estar bien. Quiere ser visto como perfecto, relajado, etc. está acumulando toneladas de esfuerzo.Algo asi como "Una estatua de bronce con pies de barro".
No hay nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas. Estas son gente con mucho barniz y poca raíz. Su destino es la farmacia, el hospital y el dolor.
Si no queremos enfermar... aceptemos. El rechazo de la aceptación y la ausencia de la auto estima nos hacen alienarnos a nosotros mismos.
Estar en paz con nosotros mismos es el núcleo de una vida saludable. Los que no aceptan esto se tornan envidiosos, celoso, imitado, resultra competitivos y destructivos. Aceptados-aceptemos que somos aceptados-aceptemos las críticas bien intencionadas, son profundos pasos a un estadio de mejor calidad. Es sabiduría- sentido común-buena terapia.
Si no queremos enfermar... confiemos. Quien no confía no se comunica, no está abierto, no se relaciona, no crea relaciones profundas y estables, no sabe cómo hacer amistades genuinas.
Sin confianza no hay relaciones. La desconfianza es falta de fe en nosotros mismos. Si no queremos enfermar... no vivamos en la tristesa.
El buen humor, la risa, el reposo, la felicidad, reponen la salud y mejoran lcalidad de vida. La persona feliz tiene el don de mejorar el ambiente dondequiera que viva. "El buen humor nos salva de manos del médico". La felicidad es salud y terapia.


El pensamiento positivo, para quienes buscan continuamente alguna receta que les ayude a prevenir enfermedades es la mejor receta y el mejor consejo. El autor reiteradamente usa la frase "Si no queremos enfermar..." es una manera animarnos a modificar el pensamiento cristalizado, enquistado y que no sirve para tener una buena calidad de vida.
No cabe duda que nuestro estado anímico influye en gran manera en nuestro organismo y su salud.
Que el origen de una enfermedad sea psicosomático no la hace menos "enfermedad". Así que reflexionemos, pidamos ayuda, sepamos tomar y valorar los sabios consejos de los que utilizan el pensamiento positivo...
El cambio sera un regalo que te daras a ti mismo, no solo para lograr un bienestar duradero, continuo, sino que en esta tarea te convertiras en el artista del cambio; pasaras a ser protagonista, seras el actor de tu vivir en una mejor calidad de vida y la "enfermedad" , comprenderas que la enfermedad solo te deja ser espectador pasivo, prisionero de emociones, sentimientos, amordazados y que se transformaban en sintomas psicosomaticos !!!

Dr. Dráuzio Varella enviado por Kartik Bodawala,
Correccion de redaccion: GEP

Hermes Trimegisto - El Maestro de la Sabiduría

Por Josefina Mainade
De los libros de Hermes, el "Tres veces Grande", procedentes del país del Nilo, han quedado muy pocos datos y escasos originales dignos de auténtica fe.
Según antiguas crónicas, en la famosa Biblioteca de Alejandría, durante el reinado de la última dinastía de los Tolomeos, se guardaban de Hermes, el más sabio maestro de la antigüedad, 42 libros esotéricos que resumían toda la sabiduría de las edades.
Mas, después de la inmensa catástrofe que significó el gran incendio que asoló dicha Biblioteca a raíz del desembarco de la armada romana de Julio César en el puerto de Alejandría, no se pudo recuperar sino algunos fragmentos que se suponen son derivados de fieles traducciones griegas efectuadas por escribas y eruditos por encargo de los faraones Tolomeos.
Ellos son "El Pymander", "El Kybalión", ciertos libros de poemas sueltos y "El Libro a la Salida de la Luz del Día", más conocido como "Libro de los Muertos", por haberse encontrado ejemplares de él dentro del sarcófago de las momias de algunos destacados egipcios. Algunos fragmentos sueltos proceden de citas de las que fueron depositarias diversas escuelas de la época: gnósticas, teosóficas, platónicas, herméticas o eclécticas, acogidas en Alejandría y más tarde agrupadas e interpretadas bajo el título genérico de "Libros de Toth-Hermes”.
Tales libros de Toth circularon profusamente durante el período de dominación romana por los tres continentes de África, Europa y Asia cercana bajo el lema de "Corpus-Herméticum" en traducción latina la que, unida a la griega, a otras de procedencia árabe y a las egipcias en lengua popular, han llegado hasta nuestros días.
La línea esencial de toda la ideología hermética es la afirmación básica de un solo inmenso dios y de una sola religión raíz, científica y filosófica, a la que servían sabios moral y espiritualmente excelsos, ya que no podía encarnar tan elevada doctrina en quien no estuviera dotado de verdadera experiencia espiritual. Así lo justifican los sabios herméticos.
De ello se infiere que las verdades herméticas no podían transferirse integralmente más que a través de un auténtico y probado merecimiento.
La senda más perentoria de tal logro era el conocimiento, pero no a través de estudios mentalizados, sino de la llamada mente iluminada o superior, lo que podríamos llamar intuición adherida al super-razonamiento, traducida por NOUS por griegos y exégetas hermenéuticos.
La opinión de los antiguos respecto a las enseñanzas de Hermes se objetiva en esta imagen: es una puerta abierta a una dilatadísima perspectiva de praderas verdes, inmensas, llenas de sol y de flores preciosas y multicolores.
Esa maravillosa "puerta abierta" a lo desconocido, y cuyo alto mirador franqueaban los escritos de Hermes, constituía el gran aliento vital, el aliento del espíritu de toda agrupación humana selectiva, cuya finalidad era la investigación de la verdad en el hombre y en el cosmos. Y su divisa común, la famosa frase de la llamada Tabla Esmeraldina del propio Hermes: "Como abajo, así es arriba; como arriba, así es abajo."
De ese modo, el fundador de la religión-filosofía, poniendo en juego el estudio y la experiencia profunda y directa a través de la supermente y del espíritu, alimentó, desde aquella remota época, todo empeño del hombre en atisbar las esencias reales de la vida divina, así en el interior del propio individuo como en el Universo, en todas sus ...
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