La sonrisa que nace en el corazón

La técnica milenaria japonesa de sanación Jin Shin Jyutsu nos ofrece uno de los secretos más simples para armonizar nuestros defectos (desequilibrios) mentales y emocionales que pueden afectar al corazón.

En la medicina oriental el corazón y el intestino delgado trabajan como pareja energéticamente y se relacionan con el elemento fuego. Emocionalmente, en desequilibrio, muestran una actitud de “tratar de” o de “aparentar”.
Por ejemplo, hay personas que con la mejor intención buscan complacer a los demás. Tratan de ayudar a todo el mundo, mientras en realidad se han olvidado de sí mismos y de su propio estado anímico. Llega el momento en que se sienten agotados y sin respuestas de los demás. Es cuando una gran frustración se manifiesta; un choque con la realidad demuestra que el dar constantemente, no es recibido con el esperado aprecio. De repente ese placer de entrega al otro, pierde su significado y aparece un gran vacío en el corazón.
Asimismo, cuando aparentamos algo que no es de nuestra realidad, nos sentimos vacíos e irreales. Puede ser en ese momento de tristeza en el que mostramos una sonrisa; no estamos viviendo nuestra realidad interior. Las lágrimas curativas no tienen la oportunidad de fluir libremente. El corazón, en vez de soltar esta emoción, guarda esta información negativa y comienza a crear cambios energéticos en el cuerpo.
Todas nuestras emociones y pensamientos hacen reacciones químicas dentro de nuestro cuerpo físico, para nuestro bien o mal, según la dirección que le demos.
Las técnicas orientales como el Chi Kung o Jin Shin Jyutsu, nos recuerdan constantemente en crear la sonrisa interior que se expande por todo el cuerpo. Es una técnica supremamente simple que puede generar grandes cambios en nuestras vidas.
Para armonizar la energía del corazón y del intestino delgado, o la actitud de “tratar de” y “aparentar”, simplemente envuelva el meñique izquierdo con la mano derecha. Cierre los ojos; relaje los hombros y observe como, desde su corazón, se expande una gran sonrisa por todo el cuerpo. Cada célula se convirtió en una gran sonrisa. Cuente 18 exhalaciones y cambie de mano. Esta vez, envuelva con la mano izquierda el meñique derecho, cierre los ojos y observe la gran sonrisa del corazón, exhalando 18 veces.
Luego, una las palmas de sus manos, en forma de rezo, aguarde así unos instantes y abra sus ojos.
Se ha dado unos momentos de amor a sí mismo. El cuerpo se lo agradecerá.
De otro lado, evite las trampas que afectan la energía del corazón: No juzguemos. Cuando juzgamos a los demás, creemos saber más que la sabiduría de la totalidad. Tal vez, si fuéramos esa otra persona en las mismas circunstancias, actuaríamos exactamente igual. Jamás sabemos el por qué los demás actúan como actúan.
No comparemos: cada uno de nosotros es único en este universo y cada uno de nosotros tiene una función única en este mundo. Somos la expresión perfecta de Dios.


Por Leonor Schmidt- Mumm

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